San Javier: el legado colonial de la sierra sonorense

Hablar de Sonora es hablar de minería. Desde que Alva Nuñez Cabeza de Vaca hablara en el s. XVI de las ciudades llenas de oro que había visto durante su travesía por el noroeste de México, los colonizadores españoles realizaron numerosas misiones con el fin de explorar ese territorio. Allá donde se detectaba una veta de metal, se desarrollaba un centro de población que se denominaba Real de Minería. La economía de estos asentamientos humanos giraba en torno a la extracción de plata y oro y contaban con una legislación especial que regulaba la actividad minera.

Y este fue el origen del Real de Minas de San Javier, hoy uno de los setenta y dos municipios de Sonora. Localizado a los pies de la Sierra Madre Occidental y en el centro del territorio sonorense, San Javier es un pequeño tesoro que parecen guardar con cariño las montañas que lo rodean. Fundado en 1706 por el Gral. Antonio Becerra Nieto, misionero y visitador y representante de el rey de España Carlos III, el pueblo de San Javier ha sabido conservar el legado colonial a través de sus edificaciones.

Al tomar la desviación hacia San Javier desde la carretera Hermosillo-Yécora, se observan pronto espacios dedicados a la minería. No en vano algunas de estas explotaciones siguen activas hoy en día. Escasos kilómetros antes de llegar a la ciudad existe un mirador que nos deleitó con una vista del atardecer preciosa y nos demostró una vez más que Sonora es mucho más que desierto. Ya entrando en el núcleo de población, un pequeño carro minero nos da la bienvenida y nos recuerda la antigüedad y el origen de este poblado.

Tras cruzar el arroyo que atraviesa San Javier, pronto llegamos al templo principal. La iglesia, de estilo neoclásico, cuenta con una sola nave y una torre lateral de tres niveles. De su fachada destacan las columnas de estilo dórico y el frontón que la Corona. Ya en su interior podemos disfrutar de un templo que, pese a su sobriedad, presenta algunas obras de arte sacro interesantes. Su altar está presidido por el santo patrono de la ciudad, San Francisco Javier, al que acompañan las representaciones de un Sagrado Corazón y una Inmaculada Concepción. A los laterales se pueden apreciar otras esculturas entre las que destaca un crucifijo de siglos pasados.

En la plaza principal, que se encuentra a espaldas de la iglesia, se encuentra el quiosco característico de la mayoría de los pueblos sonorenses. Rodeado del ayuntamiento y algunas casas de estilo colonial, la plaza se conecta con una calle aledaña a través de un puente. Este espacio, ideal para los amantes de la fotografía, parece transportarte en el tiempo. Desde allí puedes disfrutar de un agradable paseo por las calles del pueblo y encontrarte con otros puntos de interés como las antiguas oficinas de las minas, el cementerio municipal y la antigua cárcel, que se ubicaba dentro de una cueva.

Y así termino mi paseo por este bello pueblo de la sierra sonorense. San Javier es, sin duda, un pequeño tesoro minero en mitad de las montañas. Quizá no sea hoy uno de los destinos rurales más conocidos pero cuenta con un gran potencial radicado en su herencia minera, la imagen urbana y el patrimonio natural que bien podría llevarlo ser un nuevo Pueblo Mágico de México.


 

¿Cómo llegar?

San Javier se encuentra a 140 kilómetros de Yécora y a 150 kilómetros de la capital del estado, Hermosillo. Puedes llegar desde Hermosillo por la carretera federal 16, pasando por Tecoripa. Poco después de cruzar el río Yaqui encontrarás el desvío hacia el pueblo de San Javier.

¿Qué hacer en San Javier?

Puedes dar un tranquilo paseo por sus calles, visitar el templo dedicado a San Francisco Javier, conocer el edificio de las oficinas de la antigua mina o relajarte en su pintoresca plaza.

Lo que debes saber

San Javier no cuenta con cierta infraestructura básica como restaurantes u hoteles para recibir visitantes. Si lo visitas, te aconsejo llevar algo de comida o comer en alguno de los restaurantes que encontrarás en los pueblos cercanos o sobre la carretera Hermosillo-Yécora.

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