La profesión de guía de turistas es antigua y durante mucho tiempo ha sido una pieza clave en la cadena de valor del sector turístico. Eran quienes mostraban los destinos y transmitían su cultura y espíritu a quiénes los visitaban, proporcionando seguridad y confianza. Sin embargo, la aparición de internet y el desarrollo de la sociedad de la información comenzó a transformar el comportamiento de los viajeros y la labor del guía pasó a estar amenazada. El conocimiento de los lugares que antes solo tenían ellos ahora puede encontrarse fácilmente en la red. Además, con ese conocimiento se han desarrollado aplicaciones y dispositivos fácilmente reproducibles en pequeños dispositivos que llegaron a reemplazar al guía, con el objetivo de ofrecer al turista un servicio de información más barato. Los guías de turistas han ido quedando relegados a un papel secundario en los paquetes turísticos y por si estas circunstancias no fueran suficientes, el COVID-19 les ha golpeado sin protección alguna. Los gobiernos hablan de aerolíneas, touroperadores, hoteles o agencias de viajes, pero pocos son los políticos que ofrecen alguna solución o alternativa al colectivo de los guías de turistas.

Del auge de la tecnología a la crisis económica

La situación no pinta nada bien para ellos, ya que las condiciones en las que quedará el sector turístico será muy diferente a la que conocían. Habrá algunos cambios en los patrones de conducta de los viajeros a los que tendrán que adaptarse si quieren mantener su profesión y en esos nuevos comportamientos influirán especialmente dos cuestiones: grupos pequeños y desarrollo de la tecnología.

Grupos pequeños de turistas y con presupuesto limitado

Los guías de turistas solían trabajar con grupos que iban desde la docena de personas hasta autobuses con más de cincuenta plazas. Eso no significa que no hubiera grupos más chicos o incluso tours personales, pero solían ser la excepción, ya que a mayores grupos mayor era la ganancia que el guía podía tener y de alguna forma se reducía también el costo para el turista. Además, si podemos definir a grandes rasgos un perfil de los grupos que recibía un guía de turistas, estos solían ser grupos de personas adultas o mayores que desarrollaban un turismo de tipo cultural. Sin embargo, la situación post COVID-19 va a trastocar radicalmente esta situación. Los grupos, en primer lugar, dejarán de ser numerosos, lo que supondrá un importante descenso en la utilidad del guía y un encarecimiento del servicio para el cliente. Además, la población mayor viajará menos por precaución y miedo, ya que ha sido uno de los segmentos de la sociedad que más ha sufrido el nuevo virus, y lo harán con menos recursos económicos. Ante la crisis económica son muchos los mayores que están apoyando a sus familias con ahorros o pensiones, por lo que los fondos que antes podían destinar a otras cosas como viajar ahora se verán mermados. En otros tipos de turismo, como el de naturaleza, puede que estas circunstancias no afecten tanto, pero la reducción en el tamaño de los grupos y las medidas de higiene y seguridad que deberán aplicar especialmente al material que usen como remos, poleas, cuerdas, etc., serán cuestiones que también tendrán que analizar.

La tecnología como competencia

La tecnología ya era competencia y la situación que veremos tras la pandemia de COVID-19 la harán aún más fuerte. Las audioguías fueron los primeros dispositivos que, probablemente, levantaron bastante inquietud entre el colectivo de guías de turistas. Pero es que ahora esa información es mucho más asequible, pues basta un smartphone para acceder a ella en diversos formatos (texto, audio, vídeo, realidad virtual, realidad aumentada, etc.), en muchos casos de manera gratuita o a bajo coste. Y tampoco necesitas un guía para no perderte: hoy el GPS es una herramienta cotidiana más. Ante tales opciones, ¿por qué debería contratar un viajero los servicios de un guía de turistas? No me cabe duda delas ventajas que un guía de turistas tiene y de la diferencia que puede marcar en la experiencia de un viajero. Pero, ¿quién me asegura que mi guía de turistas me ofrecerá todo eso? Creo que esas son cuestiones en la que cualquier guía de turistas debe estar trabajando estos días, porque las amenazas van mucho más allá: si los free tours, que tan populares se hicieron en las principales ciudades de Europa, pusieron en jaque a los guías de turistas por la precarización que suponía para su profesión, veremos ahora el alcance que tienen las experiencias de aplicaciones como AirBnB, en la que puedes contratar tours y excursiones con guías locales “aficionados”, por llamarlos de alguna forma.

Renovarse o morir

Lo cierto y verdad es que esta crisis sanitaria y económica ha sido la gota de un vaso que venía llenándose en los últimos años para los guías de turistas. Ahora tendrán una larga travesía en el desierto, porque serán pocas las ayudas que reciban, y de ellos mismos depende el futuro de la profesión. Como dicen, los problemas y las oportunidades son dos caras de una misma moneda. Quienes solo vean lo negativo y se resistan al cambio tendrán muy difícil continuar con su trabajo. Quienes, en cambio, decidan actuar tendrán que adaptarse a un nuevo panorama profesional, que no será mejor ni peor, solamente diferente. Por un lado, la especialización será clave. El guía todólogo desaparecerá, porque para eso está ya Google. Quienes se dediquen al turismo cultural tendrán que ofrecer contenido de valor y tomar la iniciativa para no limitarse a exponer la información, sino generarla. Aquellos que trabajen en la naturaleza jugarán un papel fundamental en la concientización y el cambio en la relación que debemos tener con el medio ambiente. Ofrecer experiencias únicas que involucre lo natural sin olvidar lo social y cultural será fundamental. Por otro, el guía tendrá que cuestionarse su papel y reconvertir su profesión apoyándose en las nuevas tecnologías. Igual que muchas agencias de viajes se están convirtiendo en touroperadores para ofrecer paquetes turísticos elaborados por ellas mismas, el guía tendrá que progresar hacia una figura de guía-operador que le permita trabajar con viajeros individuales o grupos pequeños abaratando costos y ampliando sus servicios a los de transportación, por ejemplo. Y no es algo nuevo, pues en muchos destinos ya se pueden encontrar taxis o incluso chóferes de Uber que ofrecen sus servicios de transporte a determinados puntos de interés turístico durante toda una jornada por una tarifa acordada. En este sentido no está de más recordar aquello de que el éxito de una empresa viene determinado por dos factores: ser los primeros o ser los mejores.

Por último, hay que evitar el gran apego que el colectivo de guía de turistas ha tenido por las normas y las leyes, proteccionistas en muchos casos, que regulaban la profesión. Está claro que hay que cumplir siempre la legislación, pero también hemos visto que la realidad avanza más rápido que la ley y esta no siempre ofrece las mejores respuestas ante la situación actual. Lo hemos visto con casos como Uber, AirBnB o Cabify, que en muchos casos se han movido en la alegalidad, es decir, en una realidad que no estaba prevista por la ley y cuya regulación ha venido posteriormente y de manera muy precaria aún. Pues los guías pueden aprender mucho de esas empresas y darse cuenta que la innovación y el trabajo pueden ser mucho más rentables que sentarse a esperar una ley o norma que, tal vez cuando se publique, ya se haya quedado antigua. Si algo queda claro es que al guía de turistas solo le queda renovarse o morir.