Pese a que la opinión generalizada del sector turístico a nivel global es la de generar certeza y confianza, España parece ir por otro camino. Tal vez el suyo propio. Solo así se entienden medidas como la que ha marcado esta semana. España ha decretado una cuarentena a los visitantes extranjeros que lleguen al país. La medida, que levantó polémica por lo difícil que es de controlar, no ha tardado en recibir respuestas. Francia ha decretado una medida recíproca a los españoles que lleguen a territorio galo y la Unión Europea ha vuelto a quedarse anonadada en medio de sus propias propuestas para abrir las fronteras de manera conjunta en las próximas semanas. La misma España que el 8 de marzo iba a manifestaciones, mítines y partidos de fútbol mientras su vecina Italia comenzaba a desangrarse, ahora impone una cuarentena de la que no se sabe muy bien el por qué ni el para qué. Extraña manera de generar confianza y certeza para recuperar la marca España tras la crisis sanitaria.

El primer reto puede ser pasado.

Quienes tienen el timón de España no parecen haber advertido que el problema que afrontan esconde muchos otros. La preocupación principal es la propagación de un virus desconocido que ya se ha cobrado demasiadas vidas. Controlarlo es urgente y haber estado preparados para lo que todos anunciaban era necesario. Pero como el hubiera no existe ahora solo queda tomar las decisiones oportunas para minimizar el golpe. Parece que la famosa curva ha sido aplanada y de alguna manera los recursos médicos vuelven a respirar aunque aún sea con dificultad. Hasta que haya una vacuna o un tratamiento eficaz parece que tendremos que aprender a convivir con el dichoso virus y la prioridad será evitar un repunte de contagios que vuelva a complicar las cosas. El primer golpe ha sido duro, doloroso y nos costará mucho terminarlo de asumir. Pero lo peor parece haber pasado (o así lo queremos creer al menos).

Entre la salud o la economía hay una escala de grises.

Ese, sin duda, era el primer gran reto. Si no se podía contener la pandemia, al menos había que controlar sus consecuencias. Si algo hemos aprendido es que nadie sabe qué nos deparará el futuro pero los datos nos invitan a ser optimistas. Con ello llega la nueva normalidad, que será nueva pero tiene poco de normal, y la reactivación económica. Sin embargo, la unión social y política de los primeros días se ha comenzado a quebrar y el debate vuelve a polarizarse. Frente a quienes promueven las medidas que favorezcan la reducción de la movilidad y el cierre de cualquier actividad no esencial se posicionan quienes creen que la vida de la antigua normalidad debe irse abriendo paso solo que con cubrebocas, eso sí. Al final, parece que nos han hecho elegir entre salvar vidas o salvar empleos. Pero entre el negro y el blanco siempre hay una escala de grises que ahora es más necesaria que nunca.

Salvarse dentro, salvarse afuera.

Y ahí viene el segundo reto: recuperar la marca España. Con un poquito de sentido común de sus dirigentes y algo de responsabilidad de sus ciudadanos, España podrá confirmar cierto control de la crisis sanitaria y con ello ir abriendo negocios y ampliando la movilidad social hasta recuperar de alguna manera el día a día que se vivía en los primeros días de este año 2020. Pero la economía nacional, que depende en gran medida de la actividad turística, estará lejos de recuperarse. El turismo ha vivido su mayor crisis, me atrevería a decir que incluso por encima de las Guerras Mundiales. Y en España, además, la crisis del sector tendrá un mayor alcance. A la parálisis total de la industria turística se le sumará la imagen negativa que ha tenido a nivel internacional por ser uno de los principales focos rojos. Es raro que un español sepa qué incidencia ha tenido el COVID-19 en México, Rusia, Colombia o Canadá. Pero sin embargo, muchos mexicanos, rusos, colombianos y canadienses sabrán que España, junto a China e Italia, fueron los tres primeros grandes focos a nivel global, relevados posteriormente por Estados Unidos. Cambiar esa imagen y ofrecer la tan deseando confianza requerirá de un esfuerzo extra.

China, que no dudó en aprovechar su recuperación temprana y su maquinaria productiva para hacer donaciones de material sanitario a otros países, pareció entender esta cuestión. Italia, en menor medida, no ha tardado en reaccionar con anuncios y campañas. En días pasados era difícil meterte en las redes sociales y no ver titulares como que una región italiana pagará la mitad de las vacaciones a quienes vayan a visitarla. Sin embargo, de España, la primera noticia sobre la recuperación del sector turístico es la de una cuarentena sin sentido ya ni capacidad de controlar. Y es que, después de rectificar la capacidad mínima de los bares porque era inasumible abrir al 30% o ceder ante las aerolíneas para que no dejen asientos vacíos por el elevado costo que tendría, no se sabe muy bien qué esperar ya.

El ejemplo de España que muchos siguen esperando.

La Unión Europea ya ha anunciado sus propuestas para la reactivación del sector turístico y la apertura de las fronteras. Bien harían los dirigentes españoles en, al menos, leérselas y comenzar a trabajar en coordinación con sus socios europeos. España, que ha sido líder del sector turístico internacional durante las cuatro últimas décadas, no puede ceder su posición a las primeras de cambio. Son muchos los que están esperando sus propuestas y decisiones al respecto pero hasta ahora solo han obtenido desconcierto. Si el primer reto sabemos, al menos, de qué va, es momento de empezar a trabajar de manera seria en los que vienen después y recuperar la marca España después de la crisis sanitaria.