Ónavas: rastros de presencia prehispánica y misión

Cada viaje por Sonora es una pequeña sorpresa. Siempre suelo decir que la historia de Sonora es silenciosa, porque su difusión es aún muy limitada y se ciñe a ámbitos intelectuales concretos. Sin embargo, cada municipio de los que voy visitando tiene una identidad propia y un legado histórico de especial interés. Este es el caso de Ónavas, un pueblo de poco más de trescientos cincuenta habitantes que destaca por la presencia prehispánica de la que se han encontrado algunos restos y la misión que allí fundaros los jesuitas en el año 1622, una de las más antiguas del estado. Además, cabe destacar que Ónavas se sitúa a orillas del río Yaqui, por lo que podemos encontrar también zonas de baño y recreación perfectas para pasar un día en familia.

El municipio de Ónavas se encuentra a dos horas y media de Hermosillo. Tras dejar la carretera Hermosillo-Yécora, se toma el camino asfaltado que va hacia el pueblo, bien señalizado, y tras unos pocos kilómetros se alcanza a ver el arco que da la bienvenida a Ónavas. La calle de entrada, con un camellón bien cuidado, lleva hasta la plaza principal y el templo de San Ignacio de Loyola. Desde esta parte del pueblo se aprecia a ver una buena panorámica de las montañas que lo rodean. Una de las cosas que más me gustó fue detenerme a escuchar con atención y disfrutar del momento: solo se oían los pájaros que revoloteaban entre los árboles y al fondo el rosario cantado que un pequeño grupo de señoras rezaba en la capilla. Una auténtica experiencia que demuestra la tranquilidad con la que se vive en estos lugares.

El templo, uno de los más antiguos en uso de Sonora, se compone actualmente de una sola nave y una capilla contigua, además de la torre campanario. No obstante, por fotos y rastros de la cimentación, se sabe que el templo bien pudo tener la nave central y otras dos laterales, siendo mucho más grande de lo que hoy en día se conoce. Para su construcción se emplearon bloques de adobe de tierra, tabique, viguería y piedra cantera. En la fachada destaca una imagen de San Ignacio de Loyola, que pese a las consecuencias del paso del tiempo y las inclemencias meteorológicas se mantiene en bastante buen estado. En el interior se pueden encontrar antiguas esculturas religiosas, algunas de ellas protagonistas de la Semana Santa onaveña.

Muy cerca de la iglesia se encuentra el Centro Cultural Pima, que alberga distintas exposiciones sobre la historia del pueblo y la comunidad pima. Con la guía de Isaí Lapizco, cronista municipal, pude conocer el origen de los cráneos deformados y dientes modificados que se encontraron en la zona arqueológica del antiguo cementerio. Estas modificaciones en los huesos de la cabeza, que se realizaban con tablillas y otros elementos como fajas y vendas, suponían una seña de identidad para los individuos que habitaron en tiempos prehispánicos estas tierras. Con la evangelización, muchas de estas prácticas se perdieron pero aún continuan siendo frecuentes ciertas actividades que modifican el cuerpo de los locales, como las perforaciones, las expansiones o los tatuajes. No obstante, gracias a estas excavaciones y los restos que se encontraron en ellas se han podido conocer datos sobre los antiguos pobladores del valle de Ónavas, que aprovechando el agua del río hicieron de la actividad agrícola su medio de sustento.

Otros puntos de interés que visité fue el cementerio municipal, un espacio que siempre guarda datos interesantes sobre los moradores de un lugar, y la moderna plaza con su quiosco central. Antes de tomar el camino de vuelta me acerqué hasta el paraje del río, actualmente zona de baño y convivencia de los onaveños. Este espacio cuenta con palapas, asadores, baños públicos y hasta una torre de escalada vertical, además de unas bellas vistas al valle. Las instalaciones, bien cuidadas, permiten pasar un agradable día familiar a todos aquellos que se animen a disfrutar de la naturaleza. Esta vez yo me tuve que aguantar sin poder probar el agua, algo fría según me avisaron, aunque para la próxima no se me olvida el traje de baño. Y así, con el sonido del agua de fondo y un paisaje verde, llegó al final la visita a este pintoresco rincón de la sierra sonorense, del que me costó tener que regresarme.


¿Cómo llegar?

Ónavas se encuentra a 110 kilómetros de Yécora y a 200 kilómetros de la capital del estado, Hermosillo. Puedes llegar desde Hermosillo por la carretera federal 16, pasando por Tecoripa. Poco después de cruzar el río Yaqui encontrarás el desvío hacia el pueblo de Ónavas.

¿Qué hacer en Ónavas?

Puedes darte un baño en el río, visitar el templo dedicado a San Ignacio de Loyola, conocer el cementerio municipal o visitar la exposición sobre los cráneos deformados de los antiguos indígenas que visitaban la región.

Lo que debes saber

Ónavas cuenta con un par de restaurantes y hoteles para pasar una noche. No obstante, la visita ideal es de medio día y puedes complementarla con algunos de los municipios cercanos como San Javier o Tónichi. En Hermosillo y Yécora puedes encontrar algo más de variedad para alojarte y descansar.

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