Se estima que durante estos primeros días del abril más de mil millones de personas están en cuarentena. A consecuencia de ello estamos sufriendo la paralización de la economía mundial y viendo postales únicas: ciudades como Nueva York, Roma o Barcelona sin un solo alma en sus principales calles. El sector turístico fue una de las primeras actividades que sufrió la aparición de este virus y, según los pronósticos, será también uno de los últimos. Porque lo que nadie duda ya es que la forma de viajar va a ser diferente. No habrá un día después, sino que la progresión hacia la normalidad será progresiva y los gobiernos irán anunciando diferentes medidas de apertura conforme pasen los días y los datos así lo permitan. Hay muchas interrogantes aún y nadie puede ofrecer ninguna certeza, pero siguiendo las acciones que ya han tomado muchas empresas del sector turístico se puede hacer una pequeña estimación de cómo será el turismo del COVID-19.

Los más afectados serán sin duda hoteles y medios de transporte, entre los que destacarán las aerolíneas. El turismo internacional venía rompiendo récords año tras año y eso sufrirá un frenazo drástico. Habrá que ver hasta donde bajarán las cifras.

Flexibilidad en las reservaciones

El gremio hotelero seguía siendo de los más conservadores en cuanto a las políticas de precio y cancelaciones. De hecho, este ha sido uno de los principales temas que más tensión ha generado en los últimos años entre establecimientos y OTAs, como Booking. La última de esas polémicas se produjo recientemente cuando Booking anunció la devolución del dinero de reservas no reembolsables con motivo de las cancelaciones que se originaran por el coronavirus, algo que muchos hoteles tildaron de abusivo. Algo parecido les ha pasado a las aerolíneas, que ante el gran aluvión de cancelaciones y modificaciones en los viajes ya vendidos han sido muy criticadas por cobrar diferentes tasas a los clientes cuando estos eran ajenos a dichas modificaciones. El lado positivo es que después de unos días de caos, algunas compañías ya han lanzado interesantes ofertas para volar el resto del año que destacan por sus condiciones flexibles en cuanto a modificaciones posteriores a la reserva. Algo que también viene motivado por la gran incertidumbre que aún genera la crisis del COVID-19. Así, por ejemplo, Aeromexico ha anunciado la promoción Venta Roja por la cual puedes adquirir tu vuelo hasta el 15 de abril a una gran lista de destinos para volar hasta el 28 de febrero de 2021 con interesantes tarifas y el primer cargo por cambio en tu vuelo es sin costo. British Airways está aplicando iniciativas similares en sus políticas de cancelación y otras compañías han apostado por la creación de monederos electrónicos en los que el usuario puede acumular el importe de su vuelo cancelado y comprar otros vuelos en los meses posteriores. Está por ver si esta flexibilización en las políticas de modificación o cancelación de reservas que están teniendo hoteles y aerolíneas se mantiene una vez finalice la contingencia. Pero el comportamiento de los usuarios y los sistemas de reservación por internet ya venían reclamando cambios en este sentido desde hace tiempo.

El concepto de «experiencia» cobrará sentido

¿Cuántas veces te han ofrecido experiencias únicas? Seguramente, muchas. En los últimos años el turismo de experiencias se ha puesto de moda y los proveedores de servicios turísticos utilizan ese concepto para diferenciarse de otros. Nos han hablado tanto de experiencias que el término se ha visto tergiversado. Ahora bien, ¿realmente ofrecen una experiencia que puedan calificarse como tal?, ¿de verdad su producto es diferenciado respecto a lo que puede encontrarse en el mercado? El turismo de experiencias no va de acciones, sino de emociones. Hacer kayak, por ejemplo, hoy en día es relativamente fácil porque muchos destinos lo ofrecen. Pero diferenciar esa actividad de kayak del resto a través de las emociones, es lo difícil. Y ante un panorama como el que viene, de crisis económica y un consumidor que cuidará mucho más su dinero, el concepto de una verdadera experiencia sí marcará la diferencia. Porque los viajeros huirán de lo común, del anuncio fácil, y realmente buscarán destinos que les hagan emocionarse y recordar. Vivir auténticas experiencias, en definitiva.

Reinventaremos las relaciones humanas

Las relaciones humanas serán uno de los aspectos que sufrirá un mayor cambio, al menos en el corto plazo. Los gobiernos ya han anunciado que el día después del COVID-19 nos tendremos que acostumbrar a adoptar ciertas costumbres más propias de los países asiáticos que de Occidentes. Así, tendremos que acostumbrarnos a saludarnos sin contacto físico y al hacer filas deberemos guardar una distancia adecuada que impida la transmisión de virus. Los establecimientos de alimentos y bebidas también se verán afectados en gran medida, pues posiblemente tengan que disminuir sus aforos y guardar una mayor distancia entre mesas y sillas, lo que conllevará a priori una disminución de sus ingresos. Alojamientos y medios de transporte tendrán que hacer un esfuerzo extra en higiene y sanitización. ¿Se imaginan, por ejemplo, que entre las amenidades de un hotel se incluyan cubrebocas o guantes? Tal vez deje de ser una locura y lo lleguemos a ver. Y por supuesto, las maneras de relacionarnos online que hemos descubierto han llegado para quedarse. A partir de ahora serán más frecuentes las reuniones y encuentros virtuales o el teletrabajo. En este sentido hay tipos de turismo como el de negocios y congresos que se pueden ver afectados. En primer lugar por la tendencia a evitar aglomeraciones y grandes encuentros de personas, y en segundo por las herramientas online pueden ofrecer alternativas que satisfagan esas necesidades en gran medida. Que nos relacionaremos diferente es un hecho. Está por ver hasta donde el turismo se adapte.

La oportunidad del turismo alternativo

¿Viajaremos después de la crisis del coronavirus? ¡Por supuesto! Estamos deseando salir de nuestras casas. Y además, hemos aprendido que las cosas pueden cambiar de un día para otro, por lo que seguramente valoremos más los viajes y otros pequeños placeres que antes veíamos como algo normal. Ahora bien, no todos los países están manejando la situación al mismo tiempo ni el riesgo de contagio desaparecerá de un día para otro. El virus permanecerá entre nosotros durante algún tiempo y tendremos que aprender a convivir con él. Por ello, el turismo local será el primero que crezca, por encima incluso del nacional y, ni qué decir, del internacional. El viajero saldrá a explorar de nuevo su ciudad y destinos cercanos. Por ello, esos destinos alternativos y pocos conocidos pueden ver esta situación como su gran momento. La gente huirá de la masificación y buscará lugares tranquilos, que ofrezcan verdaderas experiencia (como ya hemos mencionado) y que estén verdaderamente preparados para cuando llegue este momento. Estos momentos de calma y cuarentena pueden ser una gran oportunidad el turismo alternativo si sus agentes saben aprovecharlo.

Hacia una verdadera ciencia del turismo

En el turismo existen muchos comunicadores pero pocos ideólogos. Y a veces estos dos conceptos se confunden. En las universidades se comparte la historia del turismo ya conocida, los métodos ya utilizados y cuando se habla de tecnología, la mayoría se limitan a aplicar la tecnología de otros ámbitos al sector turístico. Desde la mitad del siglo XIX en la que Thomas Cook crea el primer paquete turístico, Wells y Fargo mejoran los sistemas de financiación de los servicios turísticos y César Ritz configura la hotelería moderna, hace ya más de ciento cuenta años más allá de la aparición del internet y la tecnología. El turismo se ha democratizado, pero su esencia sigue siendo la mismo de hace ciento cuenta años. Faltan, por tanto, ideólogos que repiensen el turismo, que de verdad lo hagan sustentable y que ofrezcan innovaciones más allá de lo meramente tecnológico. Y sobra comunicadores que divulguen la cultura turística y la importancia que este sector tiene en la economía mundial y en las economías locales de países como México. O tal vez sobren influencers, mejor dicho, que solo se han convertido en un mal ejemplo de lo que debería ser un viajero.