Anoche reflexionaba sobre las palabras de la Ministra de Trabajo de España, Yolanda Díaz, que han levantado importantes críticas en el sector turístico. Recientemente manifestó que los hoteles, bares y restaurantes españoles estarían prácticamente cerrados hasta Navidad. No fue la única que metía el dedo en la llaga. El Ministro de Consumo del mismo país, Alberto Garzón, no recomendaba reservar viajes para el verano. Más allá de lo acertado o no de estas manifestaciones, lo que sorprende es que provengan de personas que no tienen competencias directas en materia de turismo, como podría ser el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo o el Ministerio de Salud por las circunstancias que atravesamos. Y lo que considero peor es que parecen no haber medido el daño que sus palabras pueden causar en el sector más afectado por la crisis. Vaya, que llueve sobre mojado.

Esas declaraciones de los ministros españoles me llevó a la conclusión de que más preocupante que todas las pérdidas económicas del turismo y las consecuencias que la crisis del COVID-19 le está ocasionando puede ser la falta de voces destacadas y un mensaje común del mismo. Todo espacio tiende a ser ocupado y si el sector turístico no lo hace con los suyos otros vendrán a hacerlo. Y de alguna manera esto es lo que ha sucedido en el caso español que, dicho sea de paso, puede ser el más destacado al respecto pero no el único. En otras potencias turísticas como Francia, Estados Unidos o México no ha existido tampoco una voz conjunta de la industria turística. Asociaciones empresariales, de profesionales del sector, entidades gubernamentales e incluso la propia Organización Mundial del Turismo están hablando en voz bajita, para el por propio sector y con cierto miedo. Pero ahí afuera hay una sociedad global que también quiere saber que será del sector y nadie lo está atendiendo más allá del “volveremos pronto”.

De la contradicción entre España e Italia a las incertidumbres de Latinoamérica

Siguiendo el caso de España, y que se repite en el resto de potencias turísticas, los organismo gubernamentales responsables del sector turístico están mandando el mensaje del “quédate en casa ahora y viaja después”. ¿Cuándo? Nadie sabe aún, pero por ahí comienzan los problemas. En el caso de Italia, que empieza a ver la luz después de ser el primer foco rojo de Europa, su presidente ha sido la excepción y ya ha anunciado incentivos para quienes veraneen en su país. La pregunta que me hago entonces es: ¿cómo es posible que España anuncie el cierre de sus hoteles hasta navidad e Italia incentive a veranear en su país? Y más me sorprende cuando ambos países son miembros de la Unión Europea, organismo que debería coordinar en cierta manera sus políticas, incluyendo las sanitarias, económicas y, por supuesto, de fronteras. ¿Cómo se sentirá el posible viajero ante tal avalancha de información contradictoria? El sector turístico global parece haber quedado desconcertado por la extrema incertidumbre de la situación actual.

En Latinoamérica, a esperas de nuevas noticias, la situación ha derivado en un gran intercambio de conocimiento entre agentes del sector turístico que está arrojando grandes luces sobre el momento que se atraviesa y lo que pueda venir, pero también algunas sombras. A lo largo del días es fácil encontrar videoconferencias o entrevistas en vivo a través de plataformas como Facebook, Instagram o Zoom. En este sentido quisiera destacar dos cuestiones que me han llamado la atención. Por un lado, el lema de Gilberto Salcedo, vicepresidente de Turismo en ProColombia, que dice que hay que pasar del aislamiento al alistamiento. Sin embargo, cuando nos alistamos lo hacemos con un fin, nos preparamos para algo. Y en esta ocasión el turismo no sabe muy bien para qué prepararse. Prueba de ello es que en otro de estos mismos foros, el que promueve con gran acierto y destacados invitados Incubatour, se han generado interesantes debates sobre, por ejemplo, que será del turismo MICE. Mientras que para algunos invitados este tipo de turismo cambiará por la profunda penetración que la tecnología está teniendo estos días de aislamiento en nuestras vidas, para otros la tecnología no podrá sustituir el cara a cara y solamente habrá que aprovechar la tecnología para mejorar lo que ya existía. Son puntos de vista que tienen algo en común, que de alguna forma el turismo será distinto tras el COVID-19, al menos en el corto plazo, pero más allá de eso solo hay debate, incertidumbre y contradicciones. Y sin certezas, es difícil mandar un mensaje de optimismo a quienes lo esperan. Empezando por los propios profesionales del turismo y siguiendo con esos viajeros que pese a las malas noticias están deseando que todo pase para salir y conocer aunque sea el museo de su ciudad.

¿Cultura turística? La importancia del turismo que pocos conocen

Ante esta situación, ¿quién nos puede ofrecer algún rayo de luz? El turismo ya representa el 13% del PIB en España, el 6% en Italia o el 7% en Francia. En México se estima que hay más de 4 millones de empleos que dependen directamente del turismo y que pueden llegar a los 10 millones contando los empleos indirectos. El turismo, en 2015, generó el 9% de la economía global. La industria turística, que crecía año tras año, es uno de los motores de la economía global. Sin embargo, la población en general no es consciente de ello. A diferencia de otras industrias como pudiera ser la automovilística o de la construcción, el turismo está presente en la vida del ciudadano común unos cuantos días al año y el resto del tiempo lo ve como algo ajeno. Una excesiva temporalidad, empleos de baja cualificación, falta de regulación del sector… no se qué tanto influya esta mezcla de factores en la percepción que la población en general tiene del turismo, pero creo que sí es importante ponerlo en valor y fomentar esa cultura turística de la que tanto se ha hablado en los últimos años. Entendiendo la cultura turística como el conocimiento que se tiene de un sector especializado, con una profunda responsabilidad social y un destacado compromiso con la sustentabilidad natural y cultural; y no como una simple incitación al viajar en los ratos libres.

Otro factor que sin duda ha provocado esa baja autoestima de la industria turística es el de la falta de comunicadores especializados y académicos del sector. La ola de influencers que trajeron las redes sociales nos ha mostrado el turismo de una manera superficial, sin análisis y con poco contenido. La comunicación del turismo se ha convertido básicamente en fotos bonitas y vídeos estereotipados. Sin embargo, hay mucho más de lo que no se está hablando suficiente, como la propia dirección que debe tomar el sector turístico, las regulaciones que necesita su industria o el nuevo modelo que deben tener las ferias y encuentros internacionales de la industria. Esta crisis ha puesto ha manifestado algo que ya sabíamos: la industria del turismo es global y como tal, necesita respuestas globales. Por ello es fundamental que la propia Organización Mundial del Turismo se reinvente para ser una entidad proactiva y útil al sector y las empresas que se dedican al turismo, en su mayoría pymes, entiendan la necesidad de estar interconectadas.

Apoyar al turismo en tiempos de crisis: confianza y optimismo

Es momento, por tanto, de unión, pero también de certezas. Considero que los agentes del turismo, grandes y chicos, deben trabajar en coordinar voces que lancen mensajes comunes. Y esos mensajes necesitan empezar a dar certezas. Porque de lo contrario, díganme: ¿cómo es posible fomentar que en lugar de la cancelación, la gente reprograme sus reservas, si ni quisiera pueden darles un a partir de cuándo estimado? Como profesionales del turismo se debe trabajar en protocolos de seguridad y medidas de higiene, por ejemplo, que muestren el sector como seguro y no como una amenaza. Esa adaptación a la nueva situación, que hasta ahora pocos han demostrado, será el primer paso para ver la luz y comenzar a dar esperanza. No vale quedarse en el cómo va a ser, sino empezar a crearlo. A partir de ahí habrá grandes oportunidades para la innovación en materia de sustentabilidad, mercadotecnia o seguridad, por ejemplo, en las que los académicos y las Universidad deben tomar la iniciativa y contribuir con información y conocimiento al adecuado desarrollo del sector. Y por último será necesario replantearse como se comunica todo ello a la sociedad. El turismo no será el mismo pero tampoco será tan diferente. La diferencia la pueden marcar quienes forman el propio sector mostrando la confianza, el optimismo y los valores que siempre les ha caracterizado.

Está claro que la salud debe ser lo primero. Pero tampoco hay que olvidar que en estos días se está destruyendo lo que se ha logrado en años. No se trata de querer volver a una normalidad que ya no existe, sino de empezar a minimizar los daños siguiendo las indicaciones de las autoridades y crear el día después del aislamiento. Ahí sí que entonces podremos hablar del alistamiento.